Las personas que asisten a terapia usualmente han sentido temor de iniciar las sesiones porque imaginan cosas negativas que podrían suceder en el consultorio, sea esto real o no. Usualmente creen que serán juzgados o que las personas les dirán cosas inadecuadas y por ello se inhiben de ver a un profesional pues generalizan lo que ven en los demás. Esto dificulta el trabajo de prevención.
Y, aun cuando la gran mayoría de personas que van a terapia muestran ansiedad y depresión o alguna relación entre angustia y ansiedad, lo cierto es que existen otros diagnósticos que pueden también ser juzgados o “tomados a mal” por la sociedad.
Es aconsejable que no digas ninguna de estas frases a alguien que tiene un problema psicológico pues no necesariamente será algo valioso, más bien, puede ser altamente perjudicial.
- Trata de ser positivo
¿Acaso la persona no lo ha intentado? ¿Cómo lo sabes? Quizás desea ser positivo y no lo consigue. Decirle esto puede generar mucha frustración.
- No necesitas medicación
Existen casos que sí lo requieren, esto debe ser supervisado por un profesional calificado en concordancia con la persona.
- Tuve problemas como tú pero no deje que me controlaran
No todos somos iguales, ¿por qué asumir que todos manejarán con las mismas estrategias?
- Hay personas que la pasan peor que tú, deberías pensar en eso
Esta es una comparación absurda, injusta y cruel. El sufrimiento de cada uno es único y personal.
- Todo está en tu cabeza
¿Crees que esto podría ayudar a alguien? Independientemente de que se crea que es verdad, decirlo de esta forma no es útil.
- Te ves súper bien ¿Ya estás mejor?
La apariencia física no siempre se relaciona con la emocional, además, preguntar “¿ya estás mejor?” es un mensaje en el que puede interpretarse que “ya deberías estar mejor”, y eso no siempre es fácil.